El 28 de junio el pueblo votante del Frente Amplio definió con mucha claridad, que su candidato a la Presidencia de la República será José Mujica, coincidiendo con el pueblo frenteamplista organizado, que en su Congreso ya lo había definido en diciembre del 2008.
Pero el 28 de junio no sólo se definió un candidato, se definió también una visión de país, de su economía, de su integración regional y latinoamericana. En definitiva se definió por una profundización programática.
Como todos saben, nuestra organización política fue de las primeras en manifestar que no apoyaría la candidatura del compañero Astori, y así lo expresamos en muros y volantes, cuestión que motivó que algunos compañeros nos expresaran su disgusto. No lo hicimos por que neguemos la capacidad técnica o la trayectoria política, si no que no coincidimos con su forma de pensar la política, que creemos que no concuerda con las posiciones mayoritarias de los frenteamplistas organizados. Entre algunas de las cosas que no acordamos podemos destacar el tratamiento que le dió a la Deuda Externa, o la propuesta de TLC con EEUU, o con la inversión externa en las Zona Franca, o con el IRPF, o con sus posturas frente al relacionamiento internacional fundamentalmente a lo que se ha hecho en el Mercosur, etc., etc., etc.
Los frenteamplistas con su voto expresaron todo lo dicho, pero también su ausencia en las urnas amerita otras evaluaciones. Lo primero es que debería significarnos una alerta para todos, ya que expresa un sentimiento y un estado de ánimo de desmovilización. Pocos frenteamplistas votaron y llamativamente pocos frenteamplistas trabajaron en los comandos y en las mesas receptoras; ¡se ha perdido la alegría de dar la pelea electoral! Este estado del movimiento no es coyuntural, es a esta altura una consecuencia estructural, a causa de 30 años de neo-liberalismo y de un sistemático vaciamiento de contenido e influencia en las decisiones cotidiana de la vida política del Frente Amplio.
Cuando el compañero Mujica expresó en su discurso del 23 de junio en el Palacio Peñarol, percibimos en su transcurso un auspicioso retorno a las fuentes, donde sin dejar de ser uruguayos y uruguayas, volvíamos a ser el partido de los compañeros. Allí se llamó a la revalorización de la Política y a incentivar a la militancia, habló de preservar la unidad de la Izquierda y de cuidar la organización política, además de la necesaria ejecutividad de un gobierno pero con la necesidad también de consultar a la fuerza política y de dar marcha atrás si así lo amerita. Se recordó que no hacemos política para caer en la repartija que destruyó a los partidos tradicionales. Todos estos elementos nos esperanzaron en el sentido que terminaba un período y nos aprestábamos a transitar uno cualitativamente diferente, pero debemos decir que las conductas que hemos observado a partir del 28 junio no abonan mucho a este cambio.
Siempre hemos pensado y no sólo nosotros, que la fuerza política debe elegir los candidatos, confeccionar el programa, hacerle el seguimiento, lo que implica si es necesario hacer correcciones sobre la marcha. La fuerza política no puede ser un mero espectador de la realidad. Para eso el Frente Amplio tiene una orgánica. Cuando decimos orgánica compañeros, decimos, Congreso, Plenario Nacional, Mesa Política y Secretariado Ejecutivo, Departamentales, Coordinadoras y Comités de Base. No decimos una reunión de los cabezas de lista del Senado, ya que además de ser un invento inorgánico y de cúpulas, ésta actitud repetida una y otra vez, deja fuera de la discusión a sectores con representación en Diputados y a otras organizaciones sin representación parlamentaria, y lo que es más grave es que el 50% del Plenario Nacional que representan a las Bases, a los frenteamplistas organizados, quedando fuera de toda posibilidad de opinar.
Hoy la disputa es contra la derecha como en toda América Latina, siendo ésta la responsable de la miseria y la explotación de nuestros pueblos, como también hay que dar la batalla contra todos los golpistas en nuestra América.
En el camino para derrotar a la derecha reaccionaria, que busca reconquistar el gobierno para quitar los derechos conquistados y garantizar una nueva profundización de la más salvajes explotación, es garantizando la más amplia participación política de todos y todas las militantes mediante un poder efectivo de decisión. Hoy las cúpulas conspiran contra esta posibilidad, además de estar hipotecando las posibilidades del imprescindible triunfo electoral en la primera vuelta. Justamente el próximo gobierno tiene que apostar por la más amplia participación popular para profundizar los cambios en favor de las amplias mayorías de los y las trabajadoras. Siendo necesario defender la aplicación de lo votado en el último Congreso del F.A.
No dudamos que en este caso la definición de la fórmula fuese la misma, pero la diferencia no es menor, se llama respeto y democracia interna elementos a los cuales el Partido Socialista de los Trabajadores no renunciara jamás.
Gracias compañeros.
COMITÉ CENTRAL
PARTIDO SOCIALISTA DE LOS TRABAJADORES
ESPACIO 1968
IV internacional – Frente Amplio
11 DE JULIO 2009